Llevo demasiado tiempo sin escribir y no es por falta de ganas, sino por escasez de ideas. Pienso en lo bien que me vendría un viaje, lo noto, me lo pide el cuerpo con esos dos pequeños apéndices que crecen sobre mis hombros, alas que renacen, fuertes, poderosas.
Me gusta pensar que no tengo que alcanzar ninguna meta física, que marcarme un punto de llegada sería como anclar mi imaginación. Sin embargo, aquí sigo, atorada, sin inspiración, abandonada a mi suerte por las musas.
Observo la imagen que me devuelve el espejo y pienso en pasar al otro lado, seguir a la trasnochada Alicia y engullir un pedazo de deliciosa seta. Decido, sin embargo, asomarme a la ventana y esperar la llegada de Peter, aunque esta vez mi deseo final sea el de unirme a las filas del Capitán Garfio. Me giro; busco su sombra por toda la habitación. Ya no está, creo recordar que la última vez se fue con él...
Llamo a Ahab y a Kurtz. A Hemingway, a Mailer y a Bukowski. A los vilipendiados perdedores. Los quiero a todos a mi lado, cerca de mí, ahí donde pueda verlos. Jugaremos al poker, fumaremos, beberemos... Repetiremos antiguos ritos, compartiremos secretos, reiremos, seremos nosotros antes que cualquier otro, seremos libres. Y cuando todo haya terminado observaremos nuestras obras, las nuevas creaciones y con ojos enrojecidos y manos temblorosas las rasgaremos y arrojaremos al fuego, acabando con todo aquello que sólo la más absoluta desesperación puede crear.
Después, desaparecerán todos de nuevo. Volveré a estar sola sin mis musas, escudriñando la oscuridad con un atisbo de sonrisa en los labios.
27 de mayo de 2008
10 de mayo de 2008
Back in town
He vuelto!!! Tras dos semanas en blanco y después de haberme tomado por primera vez unas vacaciones decentes, las cuales no disfrutaba desde aquel mítico viaje de relax total a Almería con Alex (te acuerdas?)
Esta vez mis pasos me llevaron a la otra punta de la península, y nunca mejor dicho: señores, por fin he visitado Galicia (con uso de razón, quiero decir, estuve una vez con dos años pero misteriosamente no lo recuerdo, para que vean ustedes qué cosas tiene la memoria) Fueron siete días absolutamente deliciosos: la gente, los paisajes, la comida, la compañía (sobre todo)... No quería volver. Al llegar a Madrid me toco sufrir el temido "síndrome post-vacacional", el cual no duró mucho porque en el nuevo trabajo no paro de hacer (y aprender) cosas. Todas las horas que paso allí combinadas con la vuelta al gimnasio consiguen que me quede poco tiempo para la reflexión contemplativa, una lástima por otra parte.
Esta semana, además, se sumó a todo lo anterior que volví a coger mi Marita, yupi!!! Aunque he tenido algún que otro susto, por ejemplo, el día que circulando por López de Hoyos se cruzó un coche, que iba a girar a la izquierda y que estaba situado en el carril de mi derecha, sin señalar la maniobra con el intermitente. Una vez delante de mí, frenó en seco obligándome a girar bruscamente hacia la derecha si no quería empotrarme en su maletero. Lo peor de la situación: por el carril de la derecha circulaba un autobús, cuyo conductor afortunadamente había observado "el percal" anterior de modo que pudo frenar a tiempo antes de llevarnos por delante a Mara y a mí en nuestro intento desesperado de esquivar al conductor suicida.
Hay muchas más anécdotas, claro, es lo que tiene que sólo haga una semana que conduzco moto sin haberla cogido antes más que por el circuito. Lo raro es que no me haya caido aún... aunque sé, parafraseando a Ale, que Mara cuidará de mí.
El momento absoluto de pánico, aquel en el que el sudor frío recorrió mi espalda y un grito inhumano e histérico salió de mi garganta, aún no lo he contado (aunque hay cinco privilegiados que disfrutaron anoche de la primicia) Merece un post aparte, el cual llegará porque tiene suspense, sustos y algo de terror, que se lo pregunten si no a los pobres ancianos que lo presenciaron en directo. Seguro que aún tienen pesadillas, si las tengo yo...
Esta vez mis pasos me llevaron a la otra punta de la península, y nunca mejor dicho: señores, por fin he visitado Galicia (con uso de razón, quiero decir, estuve una vez con dos años pero misteriosamente no lo recuerdo, para que vean ustedes qué cosas tiene la memoria) Fueron siete días absolutamente deliciosos: la gente, los paisajes, la comida, la compañía (sobre todo)... No quería volver. Al llegar a Madrid me toco sufrir el temido "síndrome post-vacacional", el cual no duró mucho porque en el nuevo trabajo no paro de hacer (y aprender) cosas. Todas las horas que paso allí combinadas con la vuelta al gimnasio consiguen que me quede poco tiempo para la reflexión contemplativa, una lástima por otra parte.
Esta semana, además, se sumó a todo lo anterior que volví a coger mi Marita, yupi!!! Aunque he tenido algún que otro susto, por ejemplo, el día que circulando por López de Hoyos se cruzó un coche, que iba a girar a la izquierda y que estaba situado en el carril de mi derecha, sin señalar la maniobra con el intermitente. Una vez delante de mí, frenó en seco obligándome a girar bruscamente hacia la derecha si no quería empotrarme en su maletero. Lo peor de la situación: por el carril de la derecha circulaba un autobús, cuyo conductor afortunadamente había observado "el percal" anterior de modo que pudo frenar a tiempo antes de llevarnos por delante a Mara y a mí en nuestro intento desesperado de esquivar al conductor suicida.
Hay muchas más anécdotas, claro, es lo que tiene que sólo haga una semana que conduzco moto sin haberla cogido antes más que por el circuito. Lo raro es que no me haya caido aún... aunque sé, parafraseando a Ale, que Mara cuidará de mí.
El momento absoluto de pánico, aquel en el que el sudor frío recorrió mi espalda y un grito inhumano e histérico salió de mi garganta, aún no lo he contado (aunque hay cinco privilegiados que disfrutaron anoche de la primicia) Merece un post aparte, el cual llegará porque tiene suspense, sustos y algo de terror, que se lo pregunten si no a los pobres ancianos que lo presenciaron en directo. Seguro que aún tienen pesadillas, si las tengo yo...
26 de abril de 2008
Mi moto y yo
Me despierto y pienso "hoy es el día". Después de un nutritivo desayuno, cojo los papeles, el casco y las llaves y salgo de casa con la intención de coger mi moto por primera vez fuera de un circuito.
Llego frente a ella. Quito el seguro. Me pongo el casco. Monto. La desbloqueo. La enciendo y pulso el botón de arranque: no ocurre nada. What the...!!! Me quito el casco, lo dejo frente a mí encima del depósito y busco el móvil. Llamo a Luis. Un tono... Dos...
- Dime peque.
- No arranca. No sé que pasa. Está encendida, pulso el botón y no arranca.
- ¿Estás presionando el embrague?
- Eeeehhh... [MIEEEEERDAAAAA!!!!!] Espera... Ya está. Gracias.
- (Risas, muchas risas) No hay de qué.
Lo había olvidado por completo, en fin... Una vez que he arrancado, enfilo la calle.
Al principio voy despacio, tanteando, sin pasar de segunda. Cuando llego a López de Hoyos todos los semáforos están en verde y decido que es el momento de meter tercera por primera vez!!! Todo va bien, como la seda, así que me dedico a callejear durante aproximadamente 45 minutos.
Cuando llego a casa Luis me dice que he tardado poco. Le digo que voy a llevar la moto hasta Lavapiés donde he quedado con dos amigas para comer. ¿Qué si me veo capaz? Por supuesto!!
Sobre la una y media salo de casa de nuevo: con casco pero sin guantes y con una chaquetilla que, a decir verdad, no me protegerá en absoluto en caso de caída.
Decido que iré por Serrano en lugar de por la Castellana, pero una manifestación a la altura de Colón hace que mi decisión sirva de poco. Así es como me veo metida en mi primer atasco (en moto) La policía nos desvía hacia la Castellana [Aaaaahhhhh!!! OMFG!!!!] Descubro que no es tan malo como pensaba... Después de Cibeles llegan el Paseo del Prado, la Glorieta de Carlos V y Embajadores. A la altura de La Casa Encendida giro a la derecha y un poco después estaciono en Lavapiés.
Tras una estupenda, animada y divertida comida emprendo la vuelta. Esta es es mucho mejor que la ida, estoy más segura y confiada. Alcanzo los 65km/h y meto cuarta por Embajadores y Velázquez.
Cuando aparco la moto, estoy orgullosa de mí misma, aunque suene mal decirlo así... Creo que no lo he hecho nada mal para ser la primera vez y en base a la experiencia decido que mañana seré yo misma quien lleve la moto a Velilla. Si he sido capaz de meter cuarta por el centro seré capaz de meter quinta en autopista ;D
Pero eso es otro post...
Llego frente a ella. Quito el seguro. Me pongo el casco. Monto. La desbloqueo. La enciendo y pulso el botón de arranque: no ocurre nada. What the...!!! Me quito el casco, lo dejo frente a mí encima del depósito y busco el móvil. Llamo a Luis. Un tono... Dos...
- Dime peque.
- No arranca. No sé que pasa. Está encendida, pulso el botón y no arranca.
- ¿Estás presionando el embrague?
- Eeeehhh... [MIEEEEERDAAAAA!!!!!] Espera... Ya está. Gracias.
- (Risas, muchas risas) No hay de qué.
Lo había olvidado por completo, en fin... Una vez que he arrancado, enfilo la calle.
Al principio voy despacio, tanteando, sin pasar de segunda. Cuando llego a López de Hoyos todos los semáforos están en verde y decido que es el momento de meter tercera por primera vez!!! Todo va bien, como la seda, así que me dedico a callejear durante aproximadamente 45 minutos.
Cuando llego a casa Luis me dice que he tardado poco. Le digo que voy a llevar la moto hasta Lavapiés donde he quedado con dos amigas para comer. ¿Qué si me veo capaz? Por supuesto!!
Sobre la una y media salo de casa de nuevo: con casco pero sin guantes y con una chaquetilla que, a decir verdad, no me protegerá en absoluto en caso de caída.
Decido que iré por Serrano en lugar de por la Castellana, pero una manifestación a la altura de Colón hace que mi decisión sirva de poco. Así es como me veo metida en mi primer atasco (en moto) La policía nos desvía hacia la Castellana [Aaaaahhhhh!!! OMFG!!!!] Descubro que no es tan malo como pensaba... Después de Cibeles llegan el Paseo del Prado, la Glorieta de Carlos V y Embajadores. A la altura de La Casa Encendida giro a la derecha y un poco después estaciono en Lavapiés.
Tras una estupenda, animada y divertida comida emprendo la vuelta. Esta es es mucho mejor que la ida, estoy más segura y confiada. Alcanzo los 65km/h y meto cuarta por Embajadores y Velázquez.
Cuando aparco la moto, estoy orgullosa de mí misma, aunque suene mal decirlo así... Creo que no lo he hecho nada mal para ser la primera vez y en base a la experiencia decido que mañana seré yo misma quien lleve la moto a Velilla. Si he sido capaz de meter cuarta por el centro seré capaz de meter quinta en autopista ;D
Pero eso es otro post...
21 de abril de 2008
8 de abril de 2008
Sólo quedan diez
Hay canciones que no se deberían escuchar en días como hoy, grises y lluviosos...
Hace años no hubiera logrado pasar de los primeros acordes. Sin embargo, esta tarde, la escucho una y otra vez; la disfruto de principio a fin: la voz, la cadencia, la letra...
Sonrío, miro atrás, vuelvo a sonreir. Buena parte de la banda sonora (y la poesía) de mi vida la forma Quique y en menos de diez días le veré, de nuevo, subido a un escenario :D
Hace años no hubiera logrado pasar de los primeros acordes. Sin embargo, esta tarde, la escucho una y otra vez; la disfruto de principio a fin: la voz, la cadencia, la letra...
Sonrío, miro atrás, vuelvo a sonreir. Buena parte de la banda sonora (y la poesía) de mi vida la forma Quique y en menos de diez días le veré, de nuevo, subido a un escenario :D
6 de abril de 2008
Cambios
La vida está llena de ellos. Algunos los buscamos, otros nos son impuestos, los menos simplemente ocurren. Deseados y odiados a partes iguales, a veces no son más que un escollo a salvar para poder seguir adelante.
Mi amigo J. dice que aprender a aceptar lo inevitable es crucial, si no cuántos cabezazos nos daríamos contra la pared! No es fácil, cuesta, sobre todo porque, como bien dice G. el cariño se toma en el día a día; sin embargo, creo que J. y yo ya nos tenemos suficiente cariño (y demostrado) como para poder permitirnos esa "lejanía".
Puedo afirmar, entonces, que hay otros cambios que ocupan más lugar en mi cabeza: los elegidos. Uno ya llevaba fraguándose hace tiempo y ha coincidido con el obligatorio (dicho así, parece que hablara de un "retiro" a Siberia)
El segundo, es un paso más.
A veces me paro, miro alrededor, pregunto, y como nadie responde, pienso. Son muchas cuestiones y muchas de ellas aún no tienen respuesta. No la he encontrado, pero tampoco creo necesitarla.
Mi amigo J. dice que aprender a aceptar lo inevitable es crucial, si no cuántos cabezazos nos daríamos contra la pared! No es fácil, cuesta, sobre todo porque, como bien dice G. el cariño se toma en el día a día; sin embargo, creo que J. y yo ya nos tenemos suficiente cariño (y demostrado) como para poder permitirnos esa "lejanía".
Puedo afirmar, entonces, que hay otros cambios que ocupan más lugar en mi cabeza: los elegidos. Uno ya llevaba fraguándose hace tiempo y ha coincidido con el obligatorio (dicho así, parece que hablara de un "retiro" a Siberia)
El segundo, es un paso más.
A veces me paro, miro alrededor, pregunto, y como nadie responde, pienso. Son muchas cuestiones y muchas de ellas aún no tienen respuesta. No la he encontrado, pero tampoco creo necesitarla.
21 de marzo de 2008
Cuatro
Lo mejor es lo que no te cuento,
aquello que me gustaría que adivinaras en mi mirada.
Soy lo que no digo.
aquello que me gustaría que adivinaras en mi mirada.
Soy lo que no digo.
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