Anoche, tras terminar de leer el cuarto tomo de "Los muertos vivientes" (gracias, gracias, Insertcoin!!) no dejaba de darle vueltas en mi cabeza a todo lo que había ocurrido en el libro. Puede parecer que un comic ambientado en un mundo en el que los muertos vuelven a la vida convertidos en zombies es algo banal o no pasa de ser un argumento de película de serie B, pero nada más lejos de la realidad.
En un mundo en el que todo el que fallece acaba convertido, aquellos que realmente están muertos son los supervivientes, sólo que aún no lo saben. Sin embargo, no quiero reducirme, este post quiere ir más allá: al fin de la sociedad tal y como la conocemos. Cuando todo aquello que tienes por seguro se desmorona, se desarma, ¿qué es lo que te queda? ¿Qué puedes hacer? Nadie sabe como reaccionaría en tal o cual situación sin haber pasado por ella. Bien, puede hacer una estimación pero es muy sencillo efectuarla desde el sofá de nuestra casa. ¿Qué haría yo? ¿Cómo reaccionaría si despertara un día y el mundo que conozco hubiera cambiado? Es eso lo que le ocurre a Rick: despierta de un coma y todo lo que le rodea es muerte, una pesadilla.
A través de los distintos tomos vemos como Rick y quienes le acompañan van evolucionando en un mundo que requiere medidas extremas y desesperadas a cada paso y pensamos "¿quién soy yo para juzgarle?" No podemos y eso me aterra. Si no puedo juzgar a Rick porque vive una realidad distinta de la mía (aunque sea ficticia), ¿quiere eso decir que tampoco puedo juzgar a aquellos que hoy en día habitan en un país con una cultura diferente? Si lo hiciera así, caería en el relativismo fácil ("como hay muchas realidades diferentes y cada realidad es válida todo está permitido"), algo a lo que me niego (como antropóloga y como persona) Sin embargo, si intentara que todas las realidades se ajustaran a la mía o las juzgara a todas en base a las reglas de ésta acabaría en el etnocentrismo más absoluto, ante lo que me niego aún más. Como antropóloga aprendí que debo ser anti-antirrelativista, debo reconocer que siempre me costó establecerme en dicha posición.
No puedo juzgar a nadie, ni pedirles que adapten su comportamiento a mis normas, pero sí puedo cuestionarme lo que hacen, preguntar, averiguar, estudiar... Hay muchas realidades, todas son varias, pero no hay ninguna que se encuentre fuera de toda duda.
¿Quién dijo que los comics no eran instructivos?
p.D.: Otro día hablaremos de como los zombis y otros no-muertos personifican uno de los mayores terrores del ser humano: el ser y no ser al mismo tiempo, la pérdida de la propia conciencia.
10 de julio de 2008
4 de julio de 2008
She´s back!!
Mara va a volver... A partir del lunes estaremos on the road again, en cuanto pase a recogerla al taller.
Mi Marita!!! Que vuelve a dormir cerquita de mí!!! Ay!! Qué ganas tenía!!!
:D
Mi Marita!!! Que vuelve a dormir cerquita de mí!!! Ay!! Qué ganas tenía!!!
:D
24 de junio de 2008
The move
Todo era un caos. Mirara donde mirara había cajas llenas de..., de..., la verdad, ahora no sabría decir de qué. ¡Cómo se pudieron reunir tantas cosas en tan poco tiempo! Aunque, pensándolo bien, no ha sido "tan poco": esta no fue nuestra primera mudanza.
Todo comenzó el viernes con el traslado de pequeñas cosas y continuó el sábado. Tras el alquiler de la furgoneta-camión, en Chamartín, llegó el momento de bajar de "vieja casa" las cajas más pesadas y empezar a cargarlas, afortunadamente para nosotros (sobre todo para kine que fue quien cargaba lo más pesado, ya que yo seguía un tanto convaleciente) llegó InsertCoin para echarnos una mano y unas risas, todo sea dicho. Una vez que estuvimos listos partimos en busca de la cama, el colchón, las mesillas, etc., productos que había que recolectar en otro huerto. Todo cupo en la furgoneta-barco, que era grande como ella sola, y volvimos a partir, esta vez con rumbo "nueva casa".
Llegados allí, kine se plantó y dijo que hacía demasiado tiempo que él no conducía un coche como para aparcar esa fugoneta-trolebús, que lo hiciéramos alguno de nosotros, así que me puse al volante de la misma y aparqué a la primera (tenía que dejar constancia de esto, así como del hecho de que no me dejaras conducir la furgoneta después de que tras llevarla un ratín dijeras que lo hacía muy bruscamente, que no me daba cuenta de que no llevaba un deportivo sino una furgoneta-transatlántico y bla, bla, bla..., pero es que yo sé que hay que darles caña, para ese vehículo 90km/h por ciudad no es nada, menudencias) Ya vuelvo. Tras descargar todo, nos quedamos en casa de Lo esperando a Lau y una vez que estuvimos los cinco Lo nos invitó a comer, hecho que aún agradecemos :D Tras una divertida sobremesa (historias "quiero algo" incluidas ;p) nos marchamos al **** (paso de marcas) a comprar cositas que aún necesitábamos cuatro de nosotros.
A la vuelta del ****, una vez descargado lo último, pudimos llevar la furgoneta-plataforma pretolífera a Chamartín de nuevo despidiéndonos de ella apropiadamente.
El domingo, más de lo mismo pero en coche. El lunes más de lo mismo again. Ayer por la tarde, con el dormitorio y la estantería maravillosamente montados por kine (bonito!!) el piso ya tenía aspecto de vivienda. Sin cajas por en medio, sin plásticos, sin restos de nada. Ahora sólo queda lo más complicado tras una mudanza, pero también lo mejor: convivir. Aunque no sé por qué me da en la nariz que no se nos va a dar del todo mal...
:D
Todo comenzó el viernes con el traslado de pequeñas cosas y continuó el sábado. Tras el alquiler de la furgoneta-camión, en Chamartín, llegó el momento de bajar de "vieja casa" las cajas más pesadas y empezar a cargarlas, afortunadamente para nosotros (sobre todo para kine que fue quien cargaba lo más pesado, ya que yo seguía un tanto convaleciente) llegó InsertCoin para echarnos una mano y unas risas, todo sea dicho. Una vez que estuvimos listos partimos en busca de la cama, el colchón, las mesillas, etc., productos que había que recolectar en otro huerto. Todo cupo en la furgoneta-barco, que era grande como ella sola, y volvimos a partir, esta vez con rumbo "nueva casa".
Llegados allí, kine se plantó y dijo que hacía demasiado tiempo que él no conducía un coche como para aparcar esa fugoneta-trolebús, que lo hiciéramos alguno de nosotros, así que me puse al volante de la misma y aparqué a la primera (tenía que dejar constancia de esto, así como del hecho de que no me dejaras conducir la furgoneta después de que tras llevarla un ratín dijeras que lo hacía muy bruscamente, que no me daba cuenta de que no llevaba un deportivo sino una furgoneta-transatlántico y bla, bla, bla..., pero es que yo sé que hay que darles caña, para ese vehículo 90km/h por ciudad no es nada, menudencias) Ya vuelvo. Tras descargar todo, nos quedamos en casa de Lo esperando a Lau y una vez que estuvimos los cinco Lo nos invitó a comer, hecho que aún agradecemos :D Tras una divertida sobremesa (historias "quiero algo" incluidas ;p) nos marchamos al **** (paso de marcas) a comprar cositas que aún necesitábamos cuatro de nosotros.
A la vuelta del ****, una vez descargado lo último, pudimos llevar la furgoneta-plataforma pretolífera a Chamartín de nuevo despidiéndonos de ella apropiadamente.
El domingo, más de lo mismo pero en coche. El lunes más de lo mismo again. Ayer por la tarde, con el dormitorio y la estantería maravillosamente montados por kine (bonito!!) el piso ya tenía aspecto de vivienda. Sin cajas por en medio, sin plásticos, sin restos de nada. Ahora sólo queda lo más complicado tras una mudanza, pero también lo mejor: convivir. Aunque no sé por qué me da en la nariz que no se nos va a dar del todo mal...
:D
16 de junio de 2008
Siempre hay una primera vez...
Es curioso como un pequeño incidente puede trastocar nuestra rutina de golpe y porrazo (nunca mejor dicho en este caso) Hace más de un mes que conduzco a Mara de forma habitual y en todo ese tiempo, exceptuando algunos sustos puntuales, nunca tuve ningún problema, caída, encontronazo, etc. Es más, el miércoles pasado, cuando volví a cogerla después de unos días de lluvia, me di cuenta de lo bien que me había hecho a ella, de lo agradable que me resultaba conducirla y de lo segura que me sentía sobre ella.
Esta mañana, por unos instantes, cambió todo cuando un elemento ajeno a mí, llamémosle coche, decidió que no le merecía la pena frenar para mirar a su derecha antes de atravesar el carril bus-moto-taxi. La casualidad (aunque hay quien dice que las casualidades no existen) quiso que en ese preciso instante Mara y yo circuláramos por dicho carril. Cuando quise darme cuenta le tenía encima; un instante después me había golpeado.
Mara se encabritó. Me costó controlarla. Caímos. Noté como mi cuerpo golpeaba el asfalto y se arrastraba por el mismo; cuántos metros, no sabría decirlo. La cabeza no cayó hasta el último momento, cuando ya todo había pasado (bendito casco) Me quedé un rato tumbada en el suelo, intenté moverme y lo conseguí sin dificultad pero magullada. No sabría describir lo que sentí en esos momentos cuando todo era tan confuso. Sólo sé que intuí antes de que me golpeara que iba a hacerlo, que me caería y que iba a doler; sin embargo, dolió mucho menos de lo que pensaba/esperaba.
Me incorporé lentamente y otro motero, uno de los tres que circulaban tras de mí en el momento del accidente, me ayudó a ponerme en pié y me preguntó si estaba bien, contesté que sí y rompí a llorar. Me temblaban las manos. El llanto fue breve, apenas segundos. Entre los tres chicos levantaron la moto y la acercaron al arcén.
Cuando llegó el conductor del coche le cayó "la del pulpo" (de forma verbal) por parte de uno de los chicos, a mí aún me costaba hablar. Todos me dejaron sus teléfonos, su nombre y sus apellidos, por si tenía algún problema y tras asegurarse por sexta vez de que estaba bien se marchan a trabajar.
El otro conductor, pálido del susto, y yo nos quedamos haciendo el parte. Era de León, la primera vez que venía a Madrid y estaba medio perdido. No le justifico, antes de efectuar un giro que implique invadir otro carril, debes asegurarte de que no circula ningún vehículo por el mismo. Si en lugar de ser yo hubiera sido un autobús... Hay cosas en las que prefiero no pensar.
Cuando terminamos el parte, nos despedimos. Subí en Mara, la arranqué y volví a ponerme en marcha, con dificultad porque el pedal del embrague acusó el impacto curvándose hacia arriba de forma que cambiar de marcha se convierte en un handicap. Descubrí que no tengo miedo y que sigo queriendo a Mara como el primer día.
Llegué al trabajo, conté lo ocurrido y me mandaron al médico del seguro. Allí me hicieron pruebas para asegurarse de que eran sólo contusiones lo que tenía. Me prescribieron un día de reposo (hoy) Mañana ya se verá...
Ahora estoy en casa, con la rodilla izquierda como una patata de gorda y de color morado berenjena. Cotusiones en brazos, cadera, muslos y espalda y abrasiones en el empeine y tobillo izquierdos. Nada para lo que podía haber sido. Mi pena mayor es que he tenido que dejar a Mara aparcada frente al curro, pero pronto la tendré de vuelta. Me considero muy afortunada, la verdad.
Creo que hoy me dejaré mimar...
Esta mañana, por unos instantes, cambió todo cuando un elemento ajeno a mí, llamémosle coche, decidió que no le merecía la pena frenar para mirar a su derecha antes de atravesar el carril bus-moto-taxi. La casualidad (aunque hay quien dice que las casualidades no existen) quiso que en ese preciso instante Mara y yo circuláramos por dicho carril. Cuando quise darme cuenta le tenía encima; un instante después me había golpeado.
Mara se encabritó. Me costó controlarla. Caímos. Noté como mi cuerpo golpeaba el asfalto y se arrastraba por el mismo; cuántos metros, no sabría decirlo. La cabeza no cayó hasta el último momento, cuando ya todo había pasado (bendito casco) Me quedé un rato tumbada en el suelo, intenté moverme y lo conseguí sin dificultad pero magullada. No sabría describir lo que sentí en esos momentos cuando todo era tan confuso. Sólo sé que intuí antes de que me golpeara que iba a hacerlo, que me caería y que iba a doler; sin embargo, dolió mucho menos de lo que pensaba/esperaba.
Me incorporé lentamente y otro motero, uno de los tres que circulaban tras de mí en el momento del accidente, me ayudó a ponerme en pié y me preguntó si estaba bien, contesté que sí y rompí a llorar. Me temblaban las manos. El llanto fue breve, apenas segundos. Entre los tres chicos levantaron la moto y la acercaron al arcén.
Cuando llegó el conductor del coche le cayó "la del pulpo" (de forma verbal) por parte de uno de los chicos, a mí aún me costaba hablar. Todos me dejaron sus teléfonos, su nombre y sus apellidos, por si tenía algún problema y tras asegurarse por sexta vez de que estaba bien se marchan a trabajar.
El otro conductor, pálido del susto, y yo nos quedamos haciendo el parte. Era de León, la primera vez que venía a Madrid y estaba medio perdido. No le justifico, antes de efectuar un giro que implique invadir otro carril, debes asegurarte de que no circula ningún vehículo por el mismo. Si en lugar de ser yo hubiera sido un autobús... Hay cosas en las que prefiero no pensar.
Cuando terminamos el parte, nos despedimos. Subí en Mara, la arranqué y volví a ponerme en marcha, con dificultad porque el pedal del embrague acusó el impacto curvándose hacia arriba de forma que cambiar de marcha se convierte en un handicap. Descubrí que no tengo miedo y que sigo queriendo a Mara como el primer día.
Llegué al trabajo, conté lo ocurrido y me mandaron al médico del seguro. Allí me hicieron pruebas para asegurarse de que eran sólo contusiones lo que tenía. Me prescribieron un día de reposo (hoy) Mañana ya se verá...
Ahora estoy en casa, con la rodilla izquierda como una patata de gorda y de color morado berenjena. Cotusiones en brazos, cadera, muslos y espalda y abrasiones en el empeine y tobillo izquierdos. Nada para lo que podía haber sido. Mi pena mayor es que he tenido que dejar a Mara aparcada frente al curro, pero pronto la tendré de vuelta. Me considero muy afortunada, la verdad.
Creo que hoy me dejaré mimar...
9 de junio de 2008
Crash
Pesadillas recurrentes. Palabras inconexas. Nula capacidad exponencial. Pensamiento opaco. Cansancio.
Las musas no están. Despierto a una realidad difícil de afrontar: quizás nunca estuvieron.
Las musas no están. Despierto a una realidad difícil de afrontar: quizás nunca estuvieron.
27 de mayo de 2008
Caleidoscopio
Llevo demasiado tiempo sin escribir y no es por falta de ganas, sino por escasez de ideas. Pienso en lo bien que me vendría un viaje, lo noto, me lo pide el cuerpo con esos dos pequeños apéndices que crecen sobre mis hombros, alas que renacen, fuertes, poderosas.
Me gusta pensar que no tengo que alcanzar ninguna meta física, que marcarme un punto de llegada sería como anclar mi imaginación. Sin embargo, aquí sigo, atorada, sin inspiración, abandonada a mi suerte por las musas.
Observo la imagen que me devuelve el espejo y pienso en pasar al otro lado, seguir a la trasnochada Alicia y engullir un pedazo de deliciosa seta. Decido, sin embargo, asomarme a la ventana y esperar la llegada de Peter, aunque esta vez mi deseo final sea el de unirme a las filas del Capitán Garfio. Me giro; busco su sombra por toda la habitación. Ya no está, creo recordar que la última vez se fue con él...
Llamo a Ahab y a Kurtz. A Hemingway, a Mailer y a Bukowski. A los vilipendiados perdedores. Los quiero a todos a mi lado, cerca de mí, ahí donde pueda verlos. Jugaremos al poker, fumaremos, beberemos... Repetiremos antiguos ritos, compartiremos secretos, reiremos, seremos nosotros antes que cualquier otro, seremos libres. Y cuando todo haya terminado observaremos nuestras obras, las nuevas creaciones y con ojos enrojecidos y manos temblorosas las rasgaremos y arrojaremos al fuego, acabando con todo aquello que sólo la más absoluta desesperación puede crear.
Después, desaparecerán todos de nuevo. Volveré a estar sola sin mis musas, escudriñando la oscuridad con un atisbo de sonrisa en los labios.
Me gusta pensar que no tengo que alcanzar ninguna meta física, que marcarme un punto de llegada sería como anclar mi imaginación. Sin embargo, aquí sigo, atorada, sin inspiración, abandonada a mi suerte por las musas.
Observo la imagen que me devuelve el espejo y pienso en pasar al otro lado, seguir a la trasnochada Alicia y engullir un pedazo de deliciosa seta. Decido, sin embargo, asomarme a la ventana y esperar la llegada de Peter, aunque esta vez mi deseo final sea el de unirme a las filas del Capitán Garfio. Me giro; busco su sombra por toda la habitación. Ya no está, creo recordar que la última vez se fue con él...
Llamo a Ahab y a Kurtz. A Hemingway, a Mailer y a Bukowski. A los vilipendiados perdedores. Los quiero a todos a mi lado, cerca de mí, ahí donde pueda verlos. Jugaremos al poker, fumaremos, beberemos... Repetiremos antiguos ritos, compartiremos secretos, reiremos, seremos nosotros antes que cualquier otro, seremos libres. Y cuando todo haya terminado observaremos nuestras obras, las nuevas creaciones y con ojos enrojecidos y manos temblorosas las rasgaremos y arrojaremos al fuego, acabando con todo aquello que sólo la más absoluta desesperación puede crear.
Después, desaparecerán todos de nuevo. Volveré a estar sola sin mis musas, escudriñando la oscuridad con un atisbo de sonrisa en los labios.
10 de mayo de 2008
Back in town
He vuelto!!! Tras dos semanas en blanco y después de haberme tomado por primera vez unas vacaciones decentes, las cuales no disfrutaba desde aquel mítico viaje de relax total a Almería con Alex (te acuerdas?)
Esta vez mis pasos me llevaron a la otra punta de la península, y nunca mejor dicho: señores, por fin he visitado Galicia (con uso de razón, quiero decir, estuve una vez con dos años pero misteriosamente no lo recuerdo, para que vean ustedes qué cosas tiene la memoria) Fueron siete días absolutamente deliciosos: la gente, los paisajes, la comida, la compañía (sobre todo)... No quería volver. Al llegar a Madrid me toco sufrir el temido "síndrome post-vacacional", el cual no duró mucho porque en el nuevo trabajo no paro de hacer (y aprender) cosas. Todas las horas que paso allí combinadas con la vuelta al gimnasio consiguen que me quede poco tiempo para la reflexión contemplativa, una lástima por otra parte.
Esta semana, además, se sumó a todo lo anterior que volví a coger mi Marita, yupi!!! Aunque he tenido algún que otro susto, por ejemplo, el día que circulando por López de Hoyos se cruzó un coche, que iba a girar a la izquierda y que estaba situado en el carril de mi derecha, sin señalar la maniobra con el intermitente. Una vez delante de mí, frenó en seco obligándome a girar bruscamente hacia la derecha si no quería empotrarme en su maletero. Lo peor de la situación: por el carril de la derecha circulaba un autobús, cuyo conductor afortunadamente había observado "el percal" anterior de modo que pudo frenar a tiempo antes de llevarnos por delante a Mara y a mí en nuestro intento desesperado de esquivar al conductor suicida.
Hay muchas más anécdotas, claro, es lo que tiene que sólo haga una semana que conduzco moto sin haberla cogido antes más que por el circuito. Lo raro es que no me haya caido aún... aunque sé, parafraseando a Ale, que Mara cuidará de mí.
El momento absoluto de pánico, aquel en el que el sudor frío recorrió mi espalda y un grito inhumano e histérico salió de mi garganta, aún no lo he contado (aunque hay cinco privilegiados que disfrutaron anoche de la primicia) Merece un post aparte, el cual llegará porque tiene suspense, sustos y algo de terror, que se lo pregunten si no a los pobres ancianos que lo presenciaron en directo. Seguro que aún tienen pesadillas, si las tengo yo...
Esta vez mis pasos me llevaron a la otra punta de la península, y nunca mejor dicho: señores, por fin he visitado Galicia (con uso de razón, quiero decir, estuve una vez con dos años pero misteriosamente no lo recuerdo, para que vean ustedes qué cosas tiene la memoria) Fueron siete días absolutamente deliciosos: la gente, los paisajes, la comida, la compañía (sobre todo)... No quería volver. Al llegar a Madrid me toco sufrir el temido "síndrome post-vacacional", el cual no duró mucho porque en el nuevo trabajo no paro de hacer (y aprender) cosas. Todas las horas que paso allí combinadas con la vuelta al gimnasio consiguen que me quede poco tiempo para la reflexión contemplativa, una lástima por otra parte.
Esta semana, además, se sumó a todo lo anterior que volví a coger mi Marita, yupi!!! Aunque he tenido algún que otro susto, por ejemplo, el día que circulando por López de Hoyos se cruzó un coche, que iba a girar a la izquierda y que estaba situado en el carril de mi derecha, sin señalar la maniobra con el intermitente. Una vez delante de mí, frenó en seco obligándome a girar bruscamente hacia la derecha si no quería empotrarme en su maletero. Lo peor de la situación: por el carril de la derecha circulaba un autobús, cuyo conductor afortunadamente había observado "el percal" anterior de modo que pudo frenar a tiempo antes de llevarnos por delante a Mara y a mí en nuestro intento desesperado de esquivar al conductor suicida.
Hay muchas más anécdotas, claro, es lo que tiene que sólo haga una semana que conduzco moto sin haberla cogido antes más que por el circuito. Lo raro es que no me haya caido aún... aunque sé, parafraseando a Ale, que Mara cuidará de mí.
El momento absoluto de pánico, aquel en el que el sudor frío recorrió mi espalda y un grito inhumano e histérico salió de mi garganta, aún no lo he contado (aunque hay cinco privilegiados que disfrutaron anoche de la primicia) Merece un post aparte, el cual llegará porque tiene suspense, sustos y algo de terror, que se lo pregunten si no a los pobres ancianos que lo presenciaron en directo. Seguro que aún tienen pesadillas, si las tengo yo...
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